Cuando hablamos de conservación solemos pensar en los grandes desafíos que enfrenta nuestro planeta, como la protección de los glaciares, la biodiversidad, los bosques, los cursos de agua o el cambio climático. Sin embargo, existe un componente esencial para el funcionamiento de todos esos ecosistemas que muchas veces pasa desapercibido: el suelo. Lo que pisamos cada día es, paradójicamente, uno de los bienes naturales menos visibles y, al mismo tiempo, uno de los menos valorados.