Pasa con los países como pasa con las personas: somos quienes somos por los libros que hemos leído. Venezuela también ha construido su identidad mediante su literatura, sobre todo con el impacto de unos pocos títulos muy celebrados y pasando por alto otros de los que, por raros o poco accesibles, sabemos poco o nada. Es el caso, por ejemplo, de El libro de la infancia, de Amenodoro Urdaneta, publicado en 1865, una obra visionaria que inaugura la literatura infantil venezolana.