Criar a un hijo implica acompañarlo en cada etapa, incluso en aquellas que pueden resultar incómodas o difíciles de reconocer. Una de ellas es aceptar que, en lugar de ser víctima, podría estar adoptando conductas agresivas hacia otros niños. Hablar de bullying no es sencillo, pero detectarlo a tiempo puede marcar una gran diferencia. Identificar ciertas actitudes no significa etiquetar a tu hijo, sino abrir una oportunidad para guiarlo con empatía y firmeza hacia una mejor forma de relacionarse.