Es tradicional, en los primeros cursos de las Facultades de Derecho, al menos en mi época, explicar una anécdota sobre la importancia de los Jueces, que en realidad es categoría. Dice así: Federico II, el Grande, Rey de Prusia, quería apropiarse de un pequeño granero, de un campesino de su nación, pues estaba próximo al Palacio Real, y le afeaba el horizonte, las vistas, como diríamos ahora. Llamó al súbdito a Palacio, y le ofreció un dinero por la venta, pero el labriego no quería hacerlo.