Contar con un compañero de cuatro patas en casa es una experiencia muy gratificante; sin embargo, también presenta retos de convivencia que, en ocasiones, desafían nuestra paciencia. Las mordeduras por juego son uno de los problemas más frecuentes, sobre todo en los primeros meses del animal. Si no se definen con claridad los límites, lo que empieza como un momento amable y divertido puede acabar en un doloroso raspón.