Cuando alguien llega a un hotel, apartamento turístico o casa rural, lo primero que hace, aunque sea inconscientemente, es observar. El suelo, las paredes, los cristales, los olores, los detalles. Todo eso genera una sensación inmediata que va a influir de manera muy directa en lo que piense sobre el sitio. Y si algo no cuadra, si hay una mancha, una pelusa, una papelera con restos o una huella mal limpiada, esa percepción queda tocada desde el minuto uno.