Lo digo porque, si hay un dirigente al que resulta imposible interpretar únicamente desde la lógica racional, ese es Javier Milei. Para comprender muchas de sus decisiones, de sus alianzas y de sus rupturas, es imprescindible incorporar el componente emocional. No alcanza con analizar intereses, ideologías o conveniencias políticas. Hay vínculos personales, lealtades y afectos que terminan condicionando buena parte del funcionamiento del gobierno.