La campaña electoral andaluza no solo se libra en los debates, los mítines o las entrevistas. También se juega en algo aparentemente mucho más simple: un cartel. Una fotografía, una tipografía, una mirada, un color o incluso la dirección del cuerpo de un candidato pueden transmitir liderazgo, cercanía, autoridad o empatía antes de que la ciudadanía llegue siquiera a leer un eslogan.