Hay días en los que es necesario apagar, aunque sea por un rato, el adulto responsable en el que nos convertimos y volver a ser ese chico que se emocionaba con una ficha, una plaza, o una chocolatada bien fría. Por suerte para todos nosotros, la ciudad está llena de planes que todavía logran despertar esa sensación tan añorada de jugar sin culpa, reírse fuerte, y mirar todo sin dejar de asombrarnos.