A veces, el resultado de escribir un libro no es su publicación. Va de mucho más. De encontrarse o reencontrarse. De descubrir lo que escondías, de revelarte aquello que no intuias. De limpiarte, de sanar y de descubrir. Cuando terminas un libro, quizás sea un suspiro lo que te vacía, quizás las lágrimas hacen su trabajo. Descubres no solo tus historias, descubre lo que te ha llevado a ser lo que hoy eres, pero, además, te descubre que sí, que tú también puedes escribir un libro.