Cuando el pasado viernes por la noche José Antonio Fernández conversó por videollamada con su cuñado no apreció la profundidad de las heridas del que era el capitán del Argos Georgia, el pesquero anglo-noruego que se hundió el día 22 a 170 millas de las islas Malvinas, en un embravecido Atlántico suroccidental. Quizá porque más que en el cuerpo, donde también tiene, José Saborido las lleva en el alma. Ver su rostro a su llegada a Santiago le impactó. «Anímicamente lo he visto mal.