«Noventa y nueve dejó en el redil, y por las montañas a buscarla fue... La halló gemebunda, temblando de frío; curó sus heridas, la tomó en sus brazos y al redil volvió.» [1] Existe una célebre tradición histórica de la Roma antigua que narra cómo un venado recorría los bosques imperiales portando un collar de oro con un grabado inequívoco: Noli me tangere, Caesaris sum («No me toques, pertenezco al César»).