Por supuesto que el Antiguo Testamento, el Talmud, no es un recetario ni lo que hoy diríamos un libro de gastronomía, pero en él se encuentran muchísimas referencias a alimentos, empezando por la fruta (¿manzana?) que la serpiente ofreció a Eva, con las cataclísmicas consecuencias que son conocidas. En el mismo Génesis nos topamos con la diatriba entre Esaú y Jacob, los dos hijos de Isaac y por tanto nietos de Abraham, por ese plato de lentejas que también se ha hecho célebre.