Theo Xitumul estaba acostado en su cama cuando su pareja se volteó y le dijo “¿no creés que eres hombre?”. La pregunta le cayó como un balde de agua fría, era algo que no esperaba escuchar justo antes de dormir. En ese entonces tenía 25 años, su familia y el mundo lo identificaban como mujer, aunque él no se sentía así. En lugar de conciliar el sueño, en la mente de Theo revoloteaban las imágenes de su niñez, de cuando estaba en Jutiapa y jugaba con sus amigos. Todos hombres.