Ha llovido durante días, sin tregua para la miseria. Los niños de la colonia chapotean en las pozas lodosas, empapándose con el agua sucia que desborda el río en olas pútridas. Una pequeña gaveta de madera circula corriente abajo; dentro, un lío de trapos con olor a madreselva y heliotropo. Por un momento el bulto parece moverse; emite un quejido y vuelve a quedar inmóvil. En la ribera, Clarita contempla el aleteo de una mariposa encandilada por la luz ámbar del mediodía.