Mientras el mundo mira a Taiwán como uno de los grandes centros tecnológicos del planeta y como una pieza estratégica dentro del tablero político entre China y Occidente, la fotógrafa Irene Izquierdo decidió mirar hacia otro lugar: las personas que viven allí. Sus calles, sus parejas, sus bares, sus trayectos cotidianos y esa tensión silenciosa con la que millones de personas continúan haciendo vida normal bajo la amenaza permanente de un posible conflicto con China, algo silenciado en Occidente.