Desde que a finales de la década de los ochenta comenzara a hablarse de desarrollo sostenible, y pese a que hay mucho camino aún por hacer, se han producido muchos avances en la protección del medio ambiente. Es ahora, sin embargo, cuando la percepción del valor del capital natural –entendido como todos los recursos y procesos ambientales que proporcionan bienes o servicios ecosistémicos– está poco a poco equiparándose a la del capital productivo de las empresas.