A Masami Murakami, japonés de 57 años, le cambió la vida un viaje a Bilbao en 2005: trabajaba en una empresa de construcciones efímeras y se desplazó hasta el Museo Guggenheim para montar la instalación del artista Hiro Yamagata, dos cubos gigantes revestidos de material holográfico sobre el que se proyectaban haces masivos de rayos láser. Campo cuántico X-3, se llamaba. Fue, sin embargo, la visita a otro campo bilbaíno lo que le influyó para siempre: el del Athletic Club.