–Llega el 25 aniversario. ¿Qué siente ante su escultura del Cervigón? –Es una sensación extraña, pero es una pieza que me sigue gustando y además creo que con el tiempo se produjo lo que yo pretendía, que era un lugar para estar, para la ciudadanía, para ser habitado. La obra cumple esa función y yo sigo queriéndola. –¿Recordamos su significado? –Pretendía que fuera un topónimo, que nombrara un lugar.