Recostada sobre un panel en el garaje de Ferrari, con los auriculares colgados en el cuello, Alexandra Saint Mleux aplaudió y una sonrisa se dibujó en su rostro. Las emociones eran un hilo que condujeron al sentimiento de alivio, felicidad y euforia que invadieron a Charles Leclerc, su pareja y con quien contrajo matrimonio en febrero pasado. El monegasco rompía el hechizo que lo envolvió durante 37 grandes premios y se redescubrió en el Gran Premio de Gran Bretaña tras guiarse por sus instintos.