En Las sombras del asedio, Menco Mendoza penetra en la sombra y la descubre, la toma y la aleja de su mirada. La sombra persigue al caminante, lo asedia, lo busca en medio de un poema. La sombra, compañera del que vive acosado por la luz, toma distancia de él mismo y se convierte en forma visible, en palabra no pronunciada, en afán silencioso. La poesía siempre ha sido parte de esa sombra asediada por el poeta. O el poeta quien la asedia, la acosa para saber de sus secretos.