El sol golpea de lleno la imponente fachada y tiende una alfombra de luz sobre la gran y clásica escalinata de acceso. Saco de nuevo el móvil, mis nervios destemplados hacen que necesite la enésima confirmación. Compruebo el correo electrónico. En efecto, la Biblioteca Nacional de España se complace en anunciarme que ya puedo pasar a recoger mi carné.