Fue una tarde de primavera de 1950. El poeta y dramaturgo francés Jean Cocteau, también pintor y amigo de Pablo Picasso, le presentó aquella tarde a Luis Miguel Dominguín. Por entonces, él y su cuñado, Antonio Ordóñez, eran los mayores representantes del mundo taurino. El tiempo dio pie a una sólida amistad entre el torero y el pintor malagueño que hizo correr ríos de tinta... y arte.