En México, millones de mujeres sostienen diariamente la vida familiar, social y económica del país mediante labores domésticas y de cuidados que siguen siendo invisibles, desiguales y, en la mayoría de los casos, no remuneradas. Mientras el discurso público presume avances en igualdad de género, la realidad continúa evidenciando un profundo rezago en materia de derechos humanos.