En una sociedad cada vez más acelerada, donde muchas veces lo urgente desplaza a lo importante, el Corpus Christi continúa recordando una verdad esencial para millones de cristianos: Dios no permanece encerrado entre los muros de un templo, sino que sale al encuentro de su pueblo. Para la Iglesia católica, el Corpus Christi no es una celebración más del calendario litúrgico. Es, probablemente, la manifestación pública más profunda de la fe en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía.