You have a preview view of this article while we are checking your access. When we have confirmed access, the full article content will load. Cassie sigue sus sueños. Desde la comodidad de su dormitorio, graba videos de fetichismo de pies, ronronea ante un micrófono, personaliza ropa interior y prueba juguetes sexuales hasta desmayarse. “No soy trabajadora sexual”, le dice más tarde a una directora de Hollywood. “Soy una artista. Uso mi cuerpo para contar historias”. Esto es, insiste, empoderador.