Durante décadas, escribió y reescribió sus memorias como si en ello se jugara la posibilidad de pensar una vida completa. Feminista, visitadora social y narradora obsesiva, en esas páginas conviven el asesinato de su padre en Bolivia, la pérdida de sus hermanas, la pobreza, el hambre, los animales heridos, las mujeres solas, el trabajo social y la crianza de sus cuatro hijos —Isaac y Humberto Maturana Romecín y Claudia y Alexis Mayorga Romecín—.