En Múnich aún resuena el réquiem por el orden mundial. “Ya no existe”, aseveraba el canciller alemán; se desmorona, advertían otros. Un anhelo surge, en cambio, desde Asia: el advenimiento de una nueva era geopolítica. Ciertamente, a la finalización de la Guerra Fría, la hegemonía estadounidense fue tal que dio paso a un mundo unipolar, cuyos destinos se regían desde Washington. Mucho dista aquella realidad de la competición estratégica y la polarización que hoy dominan la escena internacional.