Un escritor de diarios, un literato singular, Enrique Lázaro (1950) se fue ayer 18 de junio, según explicaron sus dos hijos. Era -es- un poderoso y raro autor de columnas, perfiles, relatos breves, cuentista y (fue poeta juvenil). Se autodenominaba y le llamábamos ‘el Sordo’, inteligente y un lector voraz; para nada elitista. Aprendió antes a leer las letras de los libros y las voces en labios de sus amigos. Después habló.