Los cítricos tienen una fama un poco injusta. Muchas pensamos que duran lo que tarda en derretirse un cubito de hielo, porque suelen abrir con chispa y desaparecer antes de que llegue la primera sobremesa. Sin embargo, una colonia cítrica bien construida puede dar bastante más juego. La clave está en mirar qué sostiene esa salida luminosa. Cuando aparecen maderas, almizcles o notas ambaradas, el aroma conserva su energía inicial, pero gana cuerpo y se queda cerca de la piel durante más tiempo.