Todos los casos de corrupción que conocemos y alguno más que todavía quede por conocer seguirán su correspondiente curso judicial y acabarán en la debida sentencia, con las consecuencias que cada una pueda merecer en su momento. Lo que no acabará ante un tribunal, por mucho que sea la más grave de todas las corrupciones y la que más daño social ha causado, es la corrupción política y moral.