En Pedro Sánchez se acumulan razones, sospechas, indicios y pruebas para una imputación múltiple que preludie una condena por cualquiera de los delitos que, con su dirección, participación, acción u omisión, le han beneficiado. Por eso se ríe y se aplaude a sí mismo cuando el Parlamento, durante un momento, deja de ser una mafia y se parece un poco a los españoles y vota para que se marche.