El pueblo entero parece detenido en el tiempo. No hay bares, ni veredas para pasear, ni autos que pasen apurados. Allí, en Sale delle Langhe, un rincón mínimo del norte de Italia, llegaron los argentinos Alejo Petoletti y su novia Josefina. Viven unas 400 personas y, a lo lejos, se dibujan los Alpes. Venían de una travesía de 21 días en un crucero desde la Argentina. No conocían el lugar, no sabían con qué se iban a encontrar.