Embarcar en el yate Christina, en la glamorosa segunda mitad del siglo XX, equivalía a flotar entre las más altas esferas de la fama, la celebridad y la realeza: ¡Winston Churchill! ¡Liza Minnelli! ¡Rudolf Nureyev! Su propietario, el magnate naviero griego y playboy internacional por excelencia, Aristóteles Onassis, lo equipó con una chimenea de lapislázuli, una escalera de caracol de ónix, una piscina con fondo de mosaico que se elevaba para convertirse en pista de baile y taburetes...