Llevo días perdiéndome entre autos judiciales, sumarios, agendas manuscritas, declaraciones, audios supuestamente secretos y conversaciones grabadas que aparecen como si fueran piezas de un puzle infectado. Leo, escucho, subrayo, vuelvo atrás. Intento ordenar los hechos, separar lo probado de lo insinuado, lo judicialmente relevante del ruido. Pero hay algo que, por más que lo intento, no consigo entender.