Cuando Benedicto XVI visitó por última vez España, en agosto de 2011, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud, dejó, entre otras muchas, una frase para enmarcar. Se dirigía a los jóvenes, pero era aplicable a todos los católicos: «No os avergoncéis». En un mundo tan relativista y materialista como es hoy Occidente, y España en particular, mucha gente se sonroja y no se atreve a decir que profesa la fe de Cristo. Ratzinger acertaba una vez más. «No os avergoncéis».