La Argentina acalambrada, agotada, en una pierna, sin sorpresas, sin belleza, pero se ganó la primera final de esta Copa del Mundo. ¿Contra Francia? ¿Contra España? ¿Contra Brasil? No, contra una selección debutante, que no había perdido, ni había ganado, que venía como punto y casi casi fue banca: Cabo Verde. La Selección Argentina jugó mejor, tuvo oportunidades y tuvo la pelota, pero no tuvo sorpresa ni resto físico. Tampoco los cambios le aportaron claridad.