La selección argentina volvió a demostrar por qué es la vigente campeona del mundo. Cuando parecía al borde de una eliminación inesperada, reaccionó con toda la jerarquía de sus principales figuras para derrotar por 3-2 a Egipto en el estadio de Atlanta, en un partido marcado por la intensidad, el suspenso y la controversia arbitral que dejó un profundo malestar en el conjunto africano. El equipo dirigido por Lionel Scaloni estuvo contra las cuerdas durante gran parte del compromiso.