De todos los mundos que me invento, en el que no quisiera habitar ni un segundo, es en el mundo sin madres. Y no hablo de esas que ya no están en esta vida, todas idas a destiempo, si entendemos que nunca es suficiente para tenerlas con nosotros. Hablo de un mundo donde los seres no habitaron un vientre, no salieron a la luz después de mucho anhelo en meses de felicidad y espera, y no bebieron de unos pechos salvadores, tibios y seguros de entregar buena simiente. El mundo sin madres sería vacío.