En la era de TikTok, Instagram y YouTube, los vídeos cortos se han convertido en el escaparate más eficaz de los destinos turísticos. Con apenas unos segundos, un lugar puede parecer irresistible: calles llenas de vida, gente sonriente, música vibrante. Pero, ¿qué ocurre realmente en nuestro cerebro cuando vemos estas piezas promocionales? ¿Nos predisponen siempre a viajar, o también pueden desanimarnos?