Desde hace unos años vivimos en una encrucijada constante. La guerra de Ucrania evidenció la fragilidad de nuestro sistema energético, y la reciente escalada en Oriente Medio —con tensiones que han afectado al estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del comercio mundial de hidrocarburos— ha vuelto a recordarnos que la energía sigue siendo un vector geopolítico de primer orden .