Pocas palabras juntas intimidan más que ‘invertir en arte’. Tres vocablos, solo tres, que tienen el poder de hacer pequeñito hasta al más lanzado. Aunque indudablemente se ha avanzado mucho, muchísimo, en términos de accesibilidad en el terreno de la creación artística, hablar de dinero sigue siendo un tabú a muchos niveles. Pero lo cierto es que nunca antes había sido tan fácil –y asequible– introducirse en el mundo del coleccionismo, ya sea por amor al arte o como mera inversión.