El Campo Marte terminó convertido en una plaza comercial disfrazada de fiesta mundialista. Un espacio federal, administrado por la Secretaría de la Defensa Nacional y cargado de valor cívico, fue entregado para un evento privado de cobro, con boletaje, conciertos, zonas VIP, venta de comida, bebidas alcohólicas y denuncias por consumo de drogas en baños.