Si tus diapositivas necesitan ser leídas, tu mensaje es un muerto viviente No. PowerPoint no tiene la culpa. Nunca la tuvo. La culpa –como tantas otras veces ha ocurrido en la historia de la tecnología– es nuestra: del usuario. O mejor dicho, del mal uso que hacemos de una herramienta que, si supiéramos utilizarla con un poco de sentido común, con un poco de maestría, sería uno de los más potentes aliados en cualquier proceso de comunicación. Pero no lo hacemos.