La ciencia no grita. No lo ha hecho nunca. La ciencia representa, quizá como pocas actividades humanas, la prudencia y la sensatez: la necesidad de tomarse tiempo para observar, para medir, para dudar, para corregir. Tiempo para hacerse, pero también —y esto se olvida con frecuencia— tiempo para ser comprendida. Sin embargo, vivimos en una época que ha declarado la guerra abierta a la lentitud. Todo debe ser inmediato, breve, impactante. Vídeos de menos de un minuto.