La sensación de vacío y pérdida es totalmente lógica en cada hincha de River que no puede terminar de creer que el domingo va a despedirse de Gallardo. El dolor es proporcional a las alegrías, brillo, jerarquía, identidad y tantos adjetivos tan bien ganados por el Muñeco en estos años como entrenador, como líder, como guía, como referente. Como decía D'Onofrio, el CEO del fútbol, el que manejaba todo en todos los rincones. Pero la verdad es que todo el fútbol argentino pierde.