Durante años, el comercio electrónico discutió cómo vender más: más canales, más marketplaces, más campañas, más tráfico. La conversación giró en torno a la omnicanalidad, la expansión regional o el B2B. Sin embargo, mientras el debate se concentraba en la superficie —la vidriera digital—, el verdadero problema crecía por debajo: la falta de sincronización. El problema es que esa discusión ya no se da en un mercado incipiente, sino en un sector que opera a escala masiva.