LA HABANA — José Fernández Zaldívar gana unos 9 dólares al mes barriendo el bulevar San Rafael, una concurrida avenida peatonal de La Habana donde empuja un carrito lleno de la basura que recoge. Fernández, de 79 años, regresa a su casa en el centro de La Habana, solo para encontrar más basura. Una acumulación de desperdicios —botellas de plástico, cáscaras de maíz y otros desechos que atraen a multitud de moscas— bloquea la puerta de entrada.