Edgar Hernández/ Hasta antes de la devastación causada por los desbordamientos de ríos en el norte del estado, el pasado 10 de octubre —que además de cobrar vidas humanas dejó a miles de familias sin nada y destrozos en buena parte de la infraestructura pública—, la gobernadora Rocío Nahle parecía inmune a todo: críticas, señalamientos, acusaciones de corrupción o simple incompetencia. El miedo se huele en Palacio. Nada la tocaba. Nada le dolía, simplemente era la reina del Carnaval.