Cada junio reaparece la misma pregunta, (re)formulada con una mezcla de afecto, prisa y un ligero desconcierto: ¿qué se regala en el Día del Padre? Especialmente, si deseamos que éste sea un obsequio lleno de personalidad y estilo. Durante años, la respuesta pareció reducirse a un catálogo —algo predecible, a decir verdad— que, más que revelar algo sobre quien las recibía, hablaban de nuestra incapacidad para mirar más allá del estereotipo.